Nuestra sociedad y la Economía como ciencia

El entorno social a través del cual discurren las acciones humanas es en gran medida “económico”. Comprar la leche en las mañanas, pagar los impuestos, recibir un salario o hacer un préstamo bancario hace parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, es curioso constatar que la ciencia encargada de analizar la naturaleza de estas acciones no es para nada evidente y la mera descripción de los hechos observables no es suficiente para entenderlas. Cada decisión económica depende, entre muchas, muchas otras cosas, de la información disponible del individuo, de su localización geográfica, de sus costumbres y hasta del clima.



La caída del muro de Berlín en 1989 trajo para el mundo un mensaje importante: las sociedades modernas eligen una forma de organización social  de producción, intercambio y consumo llamada capitalismo. Este triunfo sobre el socialismo ha permitido que los economistas ocupen un lugar privilegiado en la sociedad, pues en su calidad de “científicos del capitalismo” son los intelectuales convocados para develar las leyes económicas que eventualmente rigen las distintas estructuras que conforman esta forma de organización social, con la intención de que sus análisis sirva con marco de referencia para su propia transformación en términos de mayor bienestar para las diferentes clases sociales que lo componen.

Por fortuna la tarea de los economistas tiene un importante respaldo: la economía se erige como ciencia social desde hace más de 230 años, y cuyo propósito de cientificidad le ha dado un enorme rigor y una coherencia analítica sobresaliente no solo al interior de las ciencias sociales, sino también en comparación con las ciencias naturales. Ciertamente, este engrandecimiento proviene del surgimiento de un paradigma fundador el cual, reconocido como tal, responde apropiadamente a las pretensiones una ciencia. Ante la enorme complejidad del mundo económico que nos rodea, la fuerza de este paradigma radica en su simplicidad: ¿cómo es posible que una sociedad capitalista compuesta por clases sociales antagónicas (ricos y pobres) pueda ser coherente, armónica y además pueda desarrollarse? La respuesta que le han dado los economistas es que, en principio, el mercado es el mecanismo social a través del cual la sociedad capitalista concilia o coordina sus intereses antagónicos. Aún la China comunista de hoy ha entendido que el mercado cumple con este papel coordinador.

La economía se erige entonces como ciencia porque ofrece una respuesta abstracta a una pregunta igualmente abstracta, es decir que el conocimiento económico solo puede ser aprehensible a través de un discurso teórico que parte de la observación (Deane, 1993 [1989], p. 45-61). La teoría económica constituye el medio a través del cual es posible develar las leyes que se ocultan en los mercados (en el mercado de bienes, en el mercado de trabajo, en el mercado del crédito o bien en el mercado de divisas). La pretensión de la teoría económica no es explicar la realidad económica tal y cual ella aparece ante nuestros ojos, sino ofrecer algunas intuiciones sobre lo que eventualmente ocurre en la vida real de las personas y las organizaciones. La teoría económica es entonces un marco analítico de referencia, cuya cercanía a la realidad depende de la calidad de las hipótesis necesarias a su propia construcción (Koopmans, 1957, p. 132-142) . En efecto, la utilidad de la teoría económica proviene del hecho de que su discurso es coherente desde el punto de vista de la racionalidad humana, razón por la cual se hace inteligible y es susceptible de mejorarse y desarrollarse. Esta característica ha permitido la acumulación del conocimiento, dando paso por consiguiente a la creación y a la consolidación de comunidades científicas y a la profesionalización de la economía en el mundo.

El conocimiento de los economistas corresponde entonces a la explicación teórica respecto a la naturaleza de las decisiones de los individuos y las organizaciones en los mercados. Las decisiones económicas básicas, tales como invertir, producir, ahorrar, intercambiar y consumir, se refieren a magnitudes asociadas a la riqueza social, razón por la cual el lenguaje espontáneo de la teoría económica es predominantemente matemático. En otras palabras, la economía se puede definir como la ciencia que estudia las relaciones sociales cuantitativas (Benetti y Cartelier,  1998, p. 10), es decir es el estudio de cómo los individuos y las organizaciones deciden producir, intercambiar y consumir la riqueza social disponible en los mercados.

La riqueza social (o los recursos) conforma el objeto de estudio de la ciencia económica, y su definición es el resultado del devenir de la disciplina desde sus inicios. En efecto, los antiguos intelectuales de la escuela fisiócrata identificaron al producto agrícola como única forma de riqueza social, mientras la escuela mercantilista se identificó con el oro. No fue hasta la publicación de la famosa obra La Riqueza de las Naciones de Adam Smith (1723-1790) –padre de la Economía-, que se aceptó que la riqueza social está en realidad constituida por todos los bienes y servicios, definición que hoy conocemos como el producto interno bruto. Los bienes y servicios se entienden en su sentido más amplio, desde los derechos de autor en la producción de un software hasta los servicios ambientales que ofrecen los árboles de un parque.

 

La Economía como ciencia se encarga entonces de estudiar un aspecto de la vida humana : aquel que tiene que ver con las decisiones cotidianas relacionadas con todos  los bienes y servicios necesarios para su existencia en el capitalismo, el cual llamamos comúnmente "sociedad de mercado".



El siguiente video te ayudará a entender mejor (video en dos partes):

1. Adam Smith: Investigación de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones.

2. Adam Smith: Investigación de la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones.

 



¿Sabes cuáles son los tres problemas fundamentales estudiados por la teoría económica?